Una grieta habitable
Crítica de la película El mapa para tocarte, de Mercedes Afonso, por Pablo Rodríguez Moro
¿Cómo enfrentarte a este tsunami llamado crianza? Mientras que la pregunta parece ser la más acertada, las respuestas están sumidas en una oscuridad que nos dificulta llegar a ellas. La realizadora tampoco nos proporciona las soluciones, pero sí expone una reflexión para cualquiera que observe y se deje llevar por lo que acontece en la pantalla. Podemos hablar de esperanza, de caminos que terminan por tener salida y de un amor tan incondicional que es capaz de romper cualquier muro.
Por medio de formas minimalistas, de la subjetividad y el azar, Mercedes Afonso construye a modo de collage el significado de maternidad. A través de un dispositivo móvil que se nos presenta como mediador entre lo que a veces llegan a ser dos polos opuestos, observamos un mundo hermético y complejo al que cuesta llamar hogar. En este espacio hay pasillos estrechos que parecen interminables y puertas cerradas que reaparecen y a su vez esconden un mundo al que aún no podemos entrar. El lugar se vuelve trinchera, a pesar de que el conflicto parezca estar bajo control.
La madre, que comienza esta historia sosteniendo a su bebé en brazos mientras lo alimenta, trata de documentar el proceso de distanciamiento de eso que más ama. Se trata de un trabajo de aproximación a situaciones que pueden resultar lejanas, desconocidas y desoladoras. Sin embargo, este quehacer a partir de la memoria supone pasar de lo individual a lo colectivo, construyendo un mapa al que podemos acudir si nos perdemos.
La metodología fílmica aúna imágenes de archivo que Afonso rescata de aquellas grabaciones de carácter práctico con otras hechas ex profeso para este documental. Una nueva realidad construida por medio del filtro de la cámara irrumpe en la pantalla para sacudirnos en nuestros asientos, del mismo modo que hizo la explosión del volcán de La Palma en el año 2021, de tal forma que estas representaciones funcionan como analogía de la inestabilidad de los cuerpos. Esa misma violencia se vuelve explícita a través de las imágenes que van aconteciendo, toma cuerpo la idea de infierno presente en nuestro imaginario colectivo. Las fracturas del cristal o las grietas de las paredes ya no solo pertenecen al mundo físico, son ahora parte de la psique del que está mirando.
La cineasta Agnès Varda ya intuía que «no se puede competir con la vida. Solo recrearla» y de esa manera muestra la aflicción de la directora, sacando a la superficie rostros del dolor que antes resultaban desconocidos o quizás no tan evidentes. Afonso expone una forma de ver la realidad más intensa: es el sufrimiento de una madre cuya única cura promete ser el tiempo. El documental nace de la pulsión de mostrar una historia estremecedora y con materiales de absoluta crudeza se construye el relato, siempre dejando emanar lo inesperado. Los comportamientos del protagonista, así como sus cambios, son motor y a la vez guía del transcurso narrativo. Todo ello dota de un carácter imprevisible, único y fugaz al filme.
Además, no debemos perder de vista el carácter isleño que configura el largometraje. Es el sol el que empuja al protagonista a salir de su fortaleza y es el mar el que le concede tranquilidad para poder disfrutar de la compañía de su hermana. Este último es símbolo de libertad, capaz de curar y renovar el alma.
La directora entrelaza su historia personal con la pérdida de la propia tierra por el antes mencionado volcán; las grietas se vuelven más profundas y se expanden, pero los llantos no se pueden escuchar por culpa del fuego y la lava. La erupción del volcán Tajogaite supuso una catástrofe social, económica y emocional de la que aún los palmeros no se han logrado recomponer. El enjambre sísmico que tuvo lugar en la isla provocó varias fisuras en el suelo y de un modo similar las enfermedades PANS/PANDAS (Síndrome neuropsiquiátrico de inicio agudo pediátrico) y TEA (Trastorno del Espectro Autista) irrumpieron en la vida de la directora. Acontecimientos poco probables que resultaron devastadores.
El mapa para tocarte narra de forma directa y honesta las vivencias de una madre que se enfrenta a las enfermedades que sufren sus dos hijos. Sin ser esto suficiente, debe lidiar además con un entorno desolado y malherido. En origen las grabaciones tenían un fin médico, servir como muestra de las crisis por la afección. Es así como la cineasta encontró un espacio con suficiente margen que se convirtió en refugio y lugar de resistencia. La cámara se volvió herramienta para acercarse a su hijo, pero también emergió del proceso un objeto artístico, siendo este último lo que otorgó la libertad a Mercedes, Airam e Irene, aquello que más necesitaban.
Ficha técnica:
Título: El mapa para tocarte / Dirección: Mercedes Afonso / Duración: 86 min. / País: España / Año: 2026 / Producción: Mercedes Afonso y Agustina Chiarino / Guion: Mercedes Afonso y Emma Tusell / Montaje: Emma Tusell / Edición, diseño y sonido: Manolo Tricás Diseño / imagen final: Javier Cerdá / Banda sonora: Celia Rivero Santana / Reparto: Airam Concepción Afonso, Irene Monique Etoga Afonso y Mercedes Afonso / Productoras y nacionalidad: Lunática producciones audiovisuales S.L. (España); Bocacha Films (Uruguay) / Distribución festivales: Agencia freak / Residencia, foros, labs: CREADOC (Laboratorio de Creación del Gobierno de Canarias) MECAS (Premio Isla Mecas 2019 competencia regional) Miradas Doc (Premio IFIC 2019 competencia internacional) Aceleradora Canaria de Proyectos (Primer premio) FICX Plus Gijón MECAS (Premio isla Mecas en competencia 2025) Cinema Pendent (l'Alternativa 2025) / Premios: Biznaga de Plata Festival de Málaga 2026 y Premio D.O. Doc Canarias 2026
Sinopsis: Durante 12 años, Mercedes ha documentado la vida de su hijo Airam, diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista) y PANDAS (Síndrome neuropsiquiátrico de inicio agudo pediátrico). Esa enfermedad le provoca brotes repentinos que surgen como un volcán que despierta y despliega su fuerza sin aviso en medio de la calma, al igual que ocurre en La Palma, el lugar que habitan. Grabar es la manera que encuentra una madre de poder tomar distancia y a la vez tenderle una mano a su hijo para acercarlo.