De la vigilia y otras cosas
Vigilia Ione Domínguez. Comisariada por Miu Horemans Sala de Arte Los Lavaderos. Del 2 de julio al 6 de septiembre
Por Aitana Marcos Vidal
Ione Domínguez (Tenerife, 1991) inauguró en la Sala de Arte Los Lavaderos el dos de julio de 2026 su última exposición Vigilia, comisariada por Miu Horemans en colaboración con el Organismo Autónomo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife. La premisa inicial pretende acercar al visitante no solo al contenido del taller del artista, al presentar bocetos, desarrollos de composiciones y obras terminadas, sino también a su mundo onírico.
La muestra invita a rebobinar. La imaginación busca descifrar cómo se habitaron los lavaderos de principios del siglo XIX, continúa intrigada para descifrar cómo se convierte en lo que es hoy, una sala de exposiciones temporales. Las obras del artista acompañan esta vuelta al pasado donde Horemans nos habla del mundo de los sueños, pero donde también podemos sentir la latencia de la infancia. Una vida no tan lejana, pero víctima de unos cambios sociales y tecnológicos demasiado rápidos. La nostalgia acompaña mientras se reconocen colores, formas y composiciones de unos sueños almidonados y de una puericia acogedora. Resulta imposible no ablandarse ante tales sensaciones. La mente parece repetir «Qué cosas mimosas que me acarician la mirada con su color, su forma y su actitud. Qué cosas mimosas has traído a mis ojos hoy». El brillo y las tonalidades de la cerámica, la vulnerabilidad del relato al que se accede con los bocetos y los lienzos como espejos de unos recuerdos frágiles pero ahora tangibles. Desde la escultura, la pintura o el papel se vuelve sobre sí mismo, sobre lo que fue, lo que soñó. La infancia permanente pero madurada de Ione Domínguez materializa con los ojos del pasado el contexto presente. Nos volvemos víctimas de nuestra propia empatía, pues la infancia y los sueños no son ajenos a nadie.
La exposición se acerca indeleble a la mente, que se siente cómoda entre las paredes del lavadero, que desea repetir esa mirada de los veranos frescos y los inviernos apacibles de la infancia. Así las obras nos acercan al sentimiento bucólico, despiertan en nuestro interior la pasión digna de los volcanes, la ternura de las mariposas y la libertad de la ceniza.
Cuesta crecer y cuesta irse, dejar atrás la inocencia de los pájaros que podíamos observar con tranquilidad, sin libros pendientes o cargadores por medio de las mesillas, cuando el patito feo era otro cuento al que acudir y no una triste metáfora con la que compadecerse. Ahora quedan las tazas de café, las flores artificiales y una vigilia para rebobinar, recordar y darle luz a la nostalgia del pasado con la que habitamos el presente.